Ya son varios los años en los que vengo por estos lados, a esta plaza, ubicada en la costa central de Venezuela, en un lugar llamado Naiguatá. La de estos Diablos Danzantes fue la primera fiesta tradicional a la que fui como fotógrafo y quedé prendado del colorido, de la devoción y de la sabiduría de su comunidad. He disfrutado de la hospitalidad de las personas, siempre atentas, dispuestas a transmitir su cultura y su pasión por esta fiesta pagana. Cada año veo cómo crecen los niños y a los adultos cada vez hacerse más sabios. Es como entrar a un edificio, uno sabe siempre lo que encontrará en las áreas comunes, pero cada departamento es distinto. Así me pasa cada vez que vengo: descubro algo nuevo, siempre hay una casa donde no he entrado o un rincón sin explorar.
He sido testigo de cómo otros países se enorgullecen de sus tradiciones y las disfrutan. Pero acá, veo cómo poco a poco algunos olvidan nuestras tradiciones y las nuevas generaciones van cambiando todo por fiestas de otros países que ni siquiera entienden. Y cuando les preguntan por sus tradiciones no tienen ni idea, cosa que si pasara a la inversa, con un forastero, seguramente éste les daría una cátedra de sus propias fiestas y de las nuestras.
## Mi pasión por la fotografía comenzó a los 19 años, pero desde hace 8 estoy dedicado a la fotografía documental. Aquí comparto parte de la danza de Corpus Christi que se celebró este año en Naiguatá. Para que quede como registro en nuestra memoria. Para recordar siempre que esta celebración religiosa -declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco- tiene más de 400 años de arraigo como tradición folclórica en Venezuela.

Fotos y Texto de: Javier Ramírez-Carril

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