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El joven Mervins Guitián: el joven discapacitado víctima de la represión en las  protestas opositoras de Venezuela

Caracas/Venezuela. A Mervins Fernando Guitián Díaz le dijeron no viviría por mucho tiempo cuando convulsionó a los seis meses de nacido y en consecuencia parte izquierda de su cuerpo se paralizó.   

Cuando cumplió nueve meses fue diagnosticado con epilepsia focal sintomática secundaria a meningitis bacteriana y epilepsia del lóbulo temporal izquierdo. Además lo operaron cuatro veces del ojo izquierdo y no veía bien.

Las convulsiones fueron frecuentes en su niñez y adolescencia. Debía recibir medicación diaria y de por vida aunque eso no evitaba los ataques cuando recibía emociones fuertes.

A tres meses de su asesinato, su abuela Nervis Díaz, aún guarda en carpetas todos los exámenes e informes médicos. Incluso, documentos con solicitudes de ayudas económicas para cancelar costosos análisis que rigurosamente debían realizarle anualmente y operaciones a las que fue sometido, y para las cuales no tenían el dinero.

También conserva fotografías de su primera comunión, de su infancia cuando gracias a terapias logró recuperar la movilidad y hasta los dibujos que realizó en la escuela de niños especiales. Crió a su nieto para ayudar a su hija, quien fue madre muy joven y debía trabajar para mantenerlo ya que su padre no se ocupó de él. 

La relación entre abuela y nieto se afianzó hace más de siete años, luego de que la madre de Mervin muriera a causa de un aneurisma cerebral. Tenía 19 años y el día del entierro él también tuvo un ataque de epilepsia.

A pesar de su discapacidad y de que su mente era como la de un niño, realizó cursos de carpintería y trabajaba en el área de mantenimiento de la Alcaldía del municipio Sucre de Caracas. Al principio fue rechazado por su condición, pero luego sus compañeros de labores lo integraron tanto que perteneció al equipo de softball.

Al joven, de 26 años, presuntamente lo mató un funcionario de la Guardia Nacional, miembro de las Fuerza Armada venezolana, en medio de una manifestación en contra del presidente de Venezuela Nicolás Maduro. Desde entonces la señora Nervis viste de negro y su rostro luce pálido y desolado.

Aquella noche del jueves 20 de abril la mujer, de 64 años, conversaba con unas vecinas en la puerta de su casa, en el sector El Carmen de Petare, uno de los barrios más grandes y violentos de Latinoamérica, donde habitan familias humildes, como la de Mervins.

La casa familiar es grande y ordenada a pesar de que viven más de seis miembros, en habitaciones construidas en lados alternos dentro del inmueble. A pesar de la escasez de alimentos en el país, no temen en ofrecerle algo de comer y tomar a quien llegue de visita. En la cocina mantienen envases de agua, para usarlos cuando corten el suministro.

Ahora en la sala hay un altar para Mervins, donde cuelga un cartel de color negro con su nombre, que recuerda el día de su muerte y el lugar. Hay fotos de él, de su madre, y una vela muy grande.

Desde tempranas horas manifestantes opositores prendieron fuego a cauchos y basura, y trancaron calles en protesta. La Guardia acudió a dispersar la acción de calle, arrojando bombas lacrimógenas y perdigones. Algunos ciudadanos se defendieron lanzando objetos contundentes y tiros, aunque se desconoce si provenían de personas infiltradas.

Mernvis se encontraba buscando comida en casa de una tía porque en la suya no había en la parte alta del sector 5 de Julio también en Petare. Desconocía lo que sucedía y a las 8:00 de la noche, cuando regresó a su casa, se encontró con los disturbios en el puente 5 de Julio, cerca de su vivienda.

El miedo lo paralizó al ver tanquetas vehículos de guerra de las Fuerzas Armadas venezolanasy a los Guardias desplegados con armas largas, mientras se oían ráfagas de disparos. En ese instante recibió el disparo en el abdomen.

Su abuela Nervis y sus vecinas escucharon las detonaciones. “Dijeron: mataron a alguien en el 5 de Julio. Y a mí en seguida me entró una corazonada, algo me decía que era mi muchacho”, contó.

Bajó a toda velocidad por angostas e irregulares escaleras. Al llegar a la calle principal del barrio tuvo que esconderse detrás de un carro, porque veía a los uniformados correr de un lado a otro. Era muy peligroso salir y eso no le importó.

“Me insistieron tanto que me devolví a la casa a cambiarme la bata, yo quería buscar a mi muchacho por donde fuera. Pero cuando entré a la casa mis nietas cerraron la puerta con llave y no me dejaron salir”, contó la abuela del joven.     

No pasó mucho tiempo y sonó el celular de su nieta Minervis Díaz. Un vecino les avisó que el joven estaba herido, aunque no tenía detalles, pero presumían que había recibido un impacto de perdigón, prohibidos para dispersar manifestaciones.

El chico era muy querido y conocido en el barrio, por su discapacidad. Jugaba con los niños de la zona y entraba a varias casas donde recibía cariño. Tenía una novia, también especial. “Tuvo gente que lo quería mucho, pero también mucha gente que lo llamaba ‘loco’ y le decía que iba a morir por su discapacidad”, destacó su abuela.

Mervins fue trasladado hasta el hospital Domingo Luciani, donde murió minutos después. Afuera de la unidad de trauma shock una doctora aclaró a su abuela que recibió un disparo de fusil, un arma de guerra que utilizan los funcionarios de la Guardia y no de perdigón.

Desde su asesinato han pasado 80 días y más de 100 desde que la oposición venezolana está en las calles, exigiendo elecciones generales, la apertura de un canal humanitario, la libertad de 431 presos políticos y en rechazo a la Asamblea Nacional Constituyente convocada por el presidente Nicolás Maduro.

Datos oficiales arrojan que las manifestaciones han dejado 93 fallecidos, hasta el 11 de julio. La fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, declaró que han procesado a 70 personas por estas muertes.

En el caso de Mervins aún no hay responsables detenidos, aunque ya se conoce el destacamento de funcionarios de la Guardia Nacional que estuvo esa noche en el puente 5 de Julio. Las investigaciones no han avanzado.

Sus parientes han tenido que batallar con varias irregularidades. Empezando por las dos versiones que escribieron las autoridades acerca de su muerte. En el acta de defunción que les entregaron en la morgue de Bello Monte, en Caracas, indicaba que Mervins había fallecido por una herida de arma blanca.

Y en la denuncia que pusieron ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) señalaba que murió en un enfrentamiento entre bandas.

Ninguna de las dos era cierta y sus familiares lucharon para que dijera la verdad: el chico murió por el impacto de un proyectil de fusil.

No descansarán hasta que logren justicia. Han buscado apoyo en organizaciones no gubernamentales y en la Alcaldía del municipio Sucre de Caracas, donde trabajó durante nueve años. No cuentan con dinero suficiente para costear un abogado privado y se sienten olvidados por ser humildes.

Textos:Yohana Marra/@Yohanamarra